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Caos, me cago en ti.

septiembre 30, 2009

¿Qué sería del universo sin el caos? Permítanme responder eso; sería una especie de vómito cloacal, que no sería nada en sí. Una inmundicia que solo se regocijaría en sí misma al no tener viviendo en uno de sus poros al planeta más desconsiderado del vasto infinito, la tierra. Pero está bien, respeto la sabiduría del universo, y de las extrañas razones que pudieron existir para la creación de un espacio como el nuestro. Así que, si lo vemos de un punto de vista más objetivo, el caos, es el punto crítico para el desenvolvimiento de cualquier sistema, por muy simple o complejo que sea.

Sí, nuestro entorno se formó gracias a esto, nuestras ínfimas vidas rodean estos hechos de manera lejana o intrínseca. Así que, sí estas pensando que tu inútil vida no se compara con la vida de la señora que trabaja en el mercado; entonces, muérete. Primero, porque piensas ser superior a los demás y segundo, porque crees estar exento de los reglamentos del universo simplemente porque piensas que tu trasero está parcialmente más acomodado en la sociedad.

Desde el primer evento cósmico que involucró el caos en sí, cada hecho relevante se ve rodeado por asuntos caóticos, que terminan solucionando de una manera u otra los problemas de una manera ambigua. Así es el universo, ambiguo, objetivo y cruel –en especial cruel-. El caos está cortado con la misma tijera. Un completo ente impalpable que goza de orinar sobre las cabezas de los humanos. Desde el Big Bang, pasando por la extinción de los dinosaurios, llegando a la era glaciar, a la migración de las tribus, a la evolución, todo está regido por el caos; en especial, a partir de los primeros asentamientos humanos propiamente dichos, cada conflicto, pelea, guerra y holocausto tiene una gran dosis de caos, que en muchos casos, es el detonante de dichas situaciones de poca monta.

Lo sé, el caos es una completa espina metida en el trasero de la humanidad, y créanme, quisiera debatir, uno a uno los puntos provocados por el caos, porque no solo son interesantes, sino que me dejan mal sabor de boca. Quisiera apretarlos y sacarles las tripas por los ojos, pero por ahora no lo haré, no solo porque me molestaría luego de eso limpiar las tripas regadas en mi lustroso piso, sino que hoy el asunto que me atañe es otro, y esta fue la introducción al tema de hoy, pero es verdad; ‘Caos’, me cago en ti.

Es verdad que las situaciones caóticas son un tanto aleatorias y ambiguas, pero saben algo, siempre hay alguien ahí, listo para avivar la llama, y encender el fuego, tan alto, que es imposible de controlar. Sí, y adivinemos quiénes son los culpables de avivar la llama. Exacto, la especie humana en general; la cual se ve caracterizada por su siempre impertérrita necedad, una analogía, más o menos correcta, sería la de un niño a la cual su madre le advierte que no utilice la lupa contra el sol; el niño, ávido de conocimiento y lleno de una innata rebeldía procedente de miles de años de estupidez inflamada, apenas su madre pone un pie fuera de la casa, corre a tomar la lente, y la apunta directamente al sol, pensando en su ingenuidad que podrá ver más de cerca a dicha estrella fofa y enana, luego de varios minutos, la impaciencia llena su cabeza, y empieza a sentir un ligero calor en el ojo que está tras la lente, como resultado, segundos después, su pupila está quemada. Pero esto no significa que haya aprendido la lección, como buen hijo de Caín, al siguiente día hará lo mismo, si no es contra su ojo, contra algo más. No lo culpemos, es este instinto oculto de millones de años escondido banalmente bajo la palabra “curiosidad”. Así es, nosotros, como especie, somos como el niño, por mucho que nos quememos, seguiremos haciéndolo, somos tercos de nacimiento, nosotros avivamos la llama de toda situación caótica.

Cada día, voy desde mi casa a mi universidad, sumido en una ciudad completamente perdida y ahogada en una orgía imparable y caótica de máquinas y hombres. Sí, a mi parecer cada día es peor; un completo caos, sumido en plena urbe, totalmente mierdoso. Un marjal de desorden apocalíptico es una ciudad que es del tamaño de una miserable peca en relación al mundo, y lo peor de todo es que nosotros lo empeoramos.

Así es, cada día en esta ciudad, veo más y más autos, acompañados claro del maldito y rompedor de bolas, tráfico. Realmente caótico, penoso y enfermizo. Pero esto se vive en muchas ciudades al rededor del mundo, haciendo de nuestro problema algo pasajero y sin importancia.

¡No! Tiene mucha importancia, porque nosotros somos los que lidiamos con esto día a día, este maldito caos me tiene hastiado; es una total estupidez mayúscula vivir así, pero seamos sinceros ¿A quién le importa? Respuesta, a nadie. En especial a los afectados; a esta sociedad quiteña que nunca puede dar su opinión ante algo que le moleste. ¿Por qué digo esto? Simplemente porque es así, sufrimos de un trasporte público apestoso e inseguro, una panda de incompetentes al mando de un volante de una unidad que pesa toneladas es la que comanda las hordas de gente demasiado mojigata o incapaz de hablar. Los conducen a través del caos y la mierda gelatinosa y oscura en la que se han convertido las calles de Quito. Y no me refiero a que simplemente se ven llevados por estos transportes masivos, de hecho ese no es mi problema, es una de las soluciones. Pero acotemos que nuestro sistema de transporte público es una total basura. En las mañanas, veo como la gente amontonada como sardinas sube a los buses a copar el espacio, simplemente porque no se dan el respeto suficiente, y porque no les importa ser tratados como ganado. Contadas con los dedos de una mano han sido las veces que oigo reclamar a alguien por el estado del bus, simplemente para ser respondidos con improperios por los conductores o ayudantes. No solo les valemos mierda, sino que tienen la desfachatez de insultarnos a placer. Y ¿qué hacemos? Nada, no, corrección, lo empeoramos; mientras más vemos llenos los malditos buses, más nos subimos porque somos demasiado ociosos para despertarnos 10 minutos antes y no atrasarnos al trabajo o la universidad.

No lo sé,  a veces pienso que algunos lo hacen por gusto, tal vez uno de sus clichés más profundos sea sentirse como una sardina o como filetes de atún en una lata mohosa y húmeda. O piensen que es aventurero estar colgando de la puerta de un transporte en movimiento. Lo peor de esta situación calamitosa, es la poca necesidad de la gente por imponerse e imponer sus derechos, ante la parvada de buitres que simplemente nos destrozan como cadáveres. Muchas veces escucho las ideas brillantes, dignas de ser premiadas sobre formas de mejorar el tráfico y hacerlo más fluido en las horas pico. Pero todo de manera personal, como mencioné antes, de manera mojigata, escondida y temerosa.

Eso es mi problema con todos ustedes 99% de ciudadanos, que a veces se ufanan de vivir en una ciudad revolucionaria y llenos de sorna apelan a los recuerdos del pasado para mantener su tesis a flote. Pero cuando llega el momento de la acción, como cuando en la clásica película el héroe salva a la damisela, ustedes dan un paso atrás, dejando caer a la pobre mujer al piso, haciendo que muera al estilo Mortal Kombat, no sin antes, haberla decepcionado. Mi problema es con todos ustedes, que nunca, a pesar de que pisen sus cabezas con zapatos de rugby, denuncian nada, ni alzan la voz por algo justo. Además de eso, le encuentran gusto a agravar las cosas, y a incomodar a muchos otros. No son solo unas niñas con la boca vendada, también son como un perro sarnoso que se pega a una persona cualquiera. Pero creo que esto se debe a la amabilidad de la gente en mi ciudad, tal vez, esto los impulsa a no reclamar porque piensan demasiado en los sentimientos de Fulanito o Menganito, tal vez mantienen el silencio por esto, sinceramente no lo sé. A pesar de que muchos están ávidos de lanzar piedras contra la autoridad, nunca dicen nada sobre un asunto tan cotidiano y penoso. Realmente son un cofre de Pandora mis queridos compatriotas, serían el deleite de Freud, un conejillo de indias consentido. En fin, ustedes se encargan de avivar la llama del caos, lo cual es lamentable y paradójico a la vez, un retrato satírico de una sociedad que se mantiene a flote por su silencio.

Y luego pienso, en lo ocupado que debe estar el gobierno municipal del Distrito Metropolitano de Quito resolviendo casos de asesinato, terrorismo, solucionando el hambre mundial, y deteniendo la guerra, como para ayudar a los pobres -y pendejos- buenos samaritanos que habitamos en el casco urbano y sus alrededores. Sí, ¿Cómo podrían ocuparse del asunto por el que les pagan? Una vez más se demuestra la burocracia del autodenominado sistema democrático. Bueno, como sé que nunca harán algo realmente pertinente. Es inútil exhortar a estos ocupados estadistas a tomar cartas en el asunto. En todo caso, si alguno de ustedes llega a leer esto, hagan algo, porque algún día se ahogarán también en la inmundicia, y ¿quién sabe? Puede que antes que todos los demás.

Bueno, como un par de noticias para mis lectores, en primer lugar, disculpas por la ausencia de 2 semanas, no he podido escribir -más bien acabar- este artículo; como segundo punto, desde la semana entrante tendré más tiempo en las mañanas así que empezaré a escribir más seguido, con suerte, un par de artículos semanales, así que esten atentos a eso, a pesar de que este artículo fue un poco más crítico, no dejaré del lado el humor, y en fin, es todo, cualquier duda, pregunta o lo que se les ocurra, siéntanse libres de escribirme al correo del Corner.

Au revoir

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  1. octubre 6, 2009 9:56 am

    jaja claro q tendras mas tiempo si creo q solo tienes una materia en la u jaja suerte viejo buen articulo

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